Más nafta al fuego
La escalada de violencia que se está viviendo en nuestra sociedad es promovida y avalada por el gobierno nacional. Nos solidarizamos con los ciudadanos amedentrados. En pocos días pudimos tomar nota de su dimensión: a partir de la agresión a periodistas, el escrache o el sabotaje a presentaciones de libros. La construcción del discurso de “estás conmigo o estás contra mí” promueve un retroceso en la cultura democrática argentina, provocando el resurgimiento de un pensamiento reaccionario y agraviante. Simplificar la realidad en códigos binarios cristaliza la irresponsabilidad con que se ejerce el poder y la superficialidad con la que se instala la disputa. La Concertación Plural, nombre fantasía con la que se presentaron a elecciones, no concerta ni es plural. No concerta porque no dialoga, impone, en todos los niveles su accionar. Ni es plural porque no acepta los matices, o se comulga o se está afuera. Para algunos intelectuales, las formas serían lo de menos porque los fines son nobles. Y ahí está el error de interpretación: sin contenido son sólo las formas, algunas posiciones pseudo populares parecen ser solo circonstancias con las que se encuentra el poderismo. No se conoce modelo popular y progresista que funcione bajo estas premisas, no se conoce país que avance hacia el desarrollo sin un círculo virtuoso creado a partir de la interacción de los actores sociales.
El pararse en “el otro bando” sería el mejor negocio de los Kirchner desde que están en el poder. No existe un sólo partido de la oposición, como le gustaría instalar a algunos factores de poder, que ahora hacen catarsis y castigan a la política por las dificultades de garantizar cuorum o fijar políticas en común. Son momentos de andar serenos pero firmes, inclaudiclables con la intolerancia y el maltrato. Con las banderas bien altas de la cultura radical. Tenemos que querernos más los argentinos, no por negar los intereses contrapuestos sino para mediar y actuar sobre ellos, siempre en pos de la justicia social.
Como en otros momentos de la historia, nos toca a los radicales promover la cultura democrática, bien preciado de la Argentina y generadora de igualdad y solidaridad. El diálogo y la tolerancia hacen virtuosas las relaciones políticas y económicas, garantizando la justicia social. No conocemos otra forma. Vamos adelante.
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