Los nuevos desafíos del radicalismo
Cambio de paradigma. Globalización, Desarrollo Territorial y Participación Ciudadana
El gobierno kirchnerista nos obliga a enfrentarnos ante un importante desafío: o reafirmamos nuestras banderas progresistas, las que ellos arrastran, bastardean y simulan, o caemos en la tentación de simplemente oponernos a su “modelo”, como simple juego retórico de antagonismos. La obsesión del gobierno está en la construcción del relato, que desde el punto de vista simbólico y estético busca dejarlos parados como emancipadores, negando la realidad del deterioro y la crispación. La segmentación antagónica sería el mejor negocio hecho por los Kirchner desde que llegaron al gobierno. Tampoco respetaría nuestro legado histórico comenzado hace cien años y reafirmado en 1983. Debemos analizar los nuevos escenarios para pensar la Argentina del futuro.
Las transformaciones sociales ocurridas en la Argentina en los últimos veinticinco años dan lugar a un país estructuralmente diferente, con problemas distintos o tragedias acentuadas. El fenómeno de la
exclusión, la decadencia de la educación pública, el aumento de la pobreza, con su correlato en la salud y en todo tipo de servicio social, así como en la violencia y en la inseguridad, obligan ir a la raíz del problema para poder analizarlo.
Para estar atentos a los cambios históricos y así actuar de cara a los problemas concretos, se vuelve inexorable reconocer los quiebres y revoluciones que caracterizan esta nueva era, que modifican sustancialmente el escenario a partir del cual fueron concebidos los partidos políticos en Argentina. El tema es repensarnos ante el nuevo cambio de paradigma.
La idea de “paradigma” se utiliza para intentar interpretar al conjunto de valores y creencias que existen para dar respuesta a los problemas y preguntas de un determinado tiempo histórico. La historia de la humanidad se puede dividir a partir de paradigmas tecnológicos. Dentro de los paradigmas, a lo largo de su trayectoria, se producen cambios, continuidades, rupturas, los fenómenos comparten determinadas características. Las discontinuidades y los grandes cambios, difíciles de asimilar, a los cuales las estructuras sociales no están acostumbradas, están asociadas al surgimiento de un nuevo paradigma.
El último gran cambio de paradigma está asociado a la microelectrónica. Está marcado, entre otras cosas, por el fenómeno de la globalización, tantas veces analizado como principal factor diferenciador. Y tiene al fenómeno de la red como principal insignia, no sólo en tanto tecnología, sino también como forma de organizarse y de establecer relaciones sociales. Se caracteriza por la interconexión en tiempo real y por el dominio de la información -que parece estar al alcance de todos- y por la horizontalidad en las relaciones sociales, por la ausencia de escalas jerárquicas.
A diferencia del paradigma anterior, marcado por la era industrial, el de la fábrica como unidad organizadora de ciudades, como caja de resonancia y espacio físico donde se dirimían los conflictos sociales, el actual paradigma se distingue por su forma de organización reticular (como un tejido en red). Aunque se trate de un avance de la civilización, el nuevo escenario está lejos de dejar resueltas las desigualdades sociales. Si antes considerábamos a la explotación como el principal gran mal a combatir (la división internacional del trabajo entre centro y periferia como teoría de la dependencia, los derechos de los trabajadores como principal herramienta de igualdad), hoy asistimos al fenómeno de la exclusión como principal mal de la nueva era. Cuando el líder de la CGT, independientemente de la calidad del personaje, se sienta con la patronal a negociar las demandas de los trabajadores, está representando solamente al 35% de los argentinos que tienen la suerte de tener un empleo formal. Hoy algunos ni siquiera son explotados, si apretamos un botón y desaparece África, seguramente el funcionamiento global no se alteraría tanto como con las últimas quiebras en Estados Unidos. Empleo informal, contratos basura, desempleo, desamparo frente a la arbitrariedad, etc.; son las caras de una misma moneda: la de los excluidos. La globalización existe, el mundo está interconectado pero podemos quedar excluidos al acceso a la riqueza, los países, las ciudades y las provincias compiten para no quedarse afuera. La igualdad de oportunidades en el acceso al conocimiento pasa a ser una nueva variable para evitar la exclusión y a la que debemos estar atentos. Problemas como la pobreza y todo tipo de desigualdades solamente podrán ser encarados bajo una visión sistémica, con el involucramiento de toda la comunidad.
Pero la globalización es un proceso vinculado al territorio. El desarrollo territorial se basa en la identificación y aprovechamiento de los recursos y potencialidades endógenas (propias y exclusivas) de una comunidad, como sus recursos sociales, culturales, históricos e institucionales, que conforman un entorno, con actores sociales que interaccionan, organizaciones que “conversan” y aprenden mutuamente, universidades, fundaciones, partidos políticos, credos religiosos, sindicatos, cámaras empresariales, con el Estado en el centro de la escena para promocionar las relaciones virtuosas y para darle la dirección correcta a ese sendero que se construye con las relaciones. El secreto está en la interacción a la hora de buscar soluciones concretas. Las mesas de diálogo, lejos de ser un invento argentino de coyuntura, son el formato latente del que se sirven las comunidades para dar respuesta a los problemas. Es que a los problemas globales se le buscan soluciones locales, apoyadas en el fortalecimiento de su entramado institucional. Brasil, Chile, Uruguay y otros países de nuestra región lograron interpretar este desafío de concertación para hacer frente a los nuevos escenarios.
El gobierno de Kirchner mostró sobradas pruebas de no seguir esta pauta del progreso por dos principales motivos: en primer lugar, atenta contra el diálogo. Basta seguir con atención el nivel de crispación que padecemos todos los integrantes de una ideal mesa de diálogo, fundamentalmente los partidos políticos, que solamente somos convocados para “hablar” (muy poco, lamentablemente) de la reforma política, dejando a las claras su marco de análisis; toman a los actores como corporación y no como entorno, sin prestar atención a la noción de comunidad. En segundo lugar, atentan contra todo proceso de desarrollo local, centralizando recursos, violando las leyes de coparticipación federal y secuestrando intendentes y gobernadores con la disciplina de la chequera.
El cambio de paradigma también nos lleva a una redefinición de las políticas públicas y al surgimiento de la participación ciudadana, un proceso irreversible en su tendencia y cuyos mecanismos son construidos y reconstruidos por las sociedades y las administraciones públicas. Se deja de concebir al ciudadano como cliente para tomar lo público como práctica social de ejercicio de lo político. La participación no es algo “dado”, sino “construido” a lo largo de un proceso, apoyada en el empoderamiento, un proceso multidimensional de carácter social en donde el liderazgo, la comunicación y los grupos auto dirigidos reemplazan la estructura piramidal mecanicista por una estructura más horizontal.
Es en esta cara donde el gobierno kirchnerista también simula, ya que precisamente no se caracteriza por alentar genuinos procesos participativos, aunque sí lo enuncia de manera superficial. Varios municipios del Conurbano Bonaerense (Ej.; presupuesto participativo en La Plata y San Fernando), bastardean el concepto de la participación ciudadana, “juegan” a la consulta popular, cuando todos los resultados sensibles están digitados de antemano.
Para movernos en estos escenarios se torna fundamental el acceso a la información pública. El desafío está en cómo se para la administración frente al ciudadano, si lo hace bajo formas de transparencia o de “caja negra”. La transparencia de la gestión pública como condición para la participación ciudadana y la rendición de cuentas del servidor público como su principio básico.
La asunción de Cristina Kirchner generó expectativas en lo referido al acceso a la información pública, eran reconocidos sus proyectos al respecto en sus funciones como Senadora. Pero bastó llegar al gobierno para dejar de lado su interés por brindar información, impactando negativamente en los derechos humanos. En el caso concreto del Programa Nacional de Salud Sexual y Reproductiva, monitoreo que me toco llevar a cabo en un consorcio de Ong´s, las beneficiarias directas, en este caso las mujeres, no accedían a la información sobre el funcionamiento del Programa y la transferencia de insumos de la Nación a las provincias y de estas a los municipios y a los centros de salud, Existen varios casos de gobernadores, que con la excusa del costo del aviso en un periódico, dejaron de informar y publicar las convacotorias a licitaciones y compras públicas.
Organizaciones sociales, redes y colectivos. Nuevos canales de participación
Al trauma que genera todo quiebre histórico, con la emergencia de nuevos actores y las características del cambio de paradigma antes mencionado, los radicales le tuvimos que sumar el colapso que sufrimos después del abrupto final del gobierno de la Alianza, lo que nos generó no solo pérdida de votantes e idas de dirigentes hacia otras fuerzas políticas, sino también cierto desprestigio ante la opinión pública y sus organizaciones. Coherentes con un partido comprometido con los problemas concretos, no nos cruzamos de brazos y nos dedicamos a repensar nuestra función ante los cambios y así recobrar nuestro histórico prestigio por las luchas por la igualdad y la justicia social.
Un caso concreto es el referido a la lucha por los derechos de las mujeres, espacio en el cual con otras correligionarias nos desempeñamos hace varios años. Podemos hablar de un caso de éxito en lo que respecta a la relación de un partido político progresista y cercano a los problemas concretos con las redes de ONG y fundaciones. En una síntesis de la historia, podemos comentar el elevado nivel de prejuicio y distanciamiento que solían tener estas organizaciones con las mujeres políticas. Fue a partir del Encuentro Feminista de América Latina y el Caribe, desarrollado en Argentina en el año ´88 durante nuestro histórico gobierno, donde se tiende el primer puente de diálogo logrando una relación fluida, desde donde años después se logra la Ley de Cupos como síntesis de ese vínculo y luego muchas leyes más. En la actualidad, podemos afirmar la trascendencia de las redes a través de los temas impuestos en la agenda pública, como trata, violencia de género, acoso sexual y aborto no punible. Siguen siendo muchos los desafíos de la igualdad de género, que seguramente encontrarán al radicalismo como espacio de estas reivindicaciones y sus conquistas.
Las políticas de niñez y juventud fueron otro punto de encuentro entre nuestro partido y las redes de Ong´s y fundaciones. La historia de nuestro país en este punto se caracterizaba por una eterna demora sobre la incorporación del nuevo paradigma de la protección integral de los derechos de los niños y adolescentes acorde a la Convención Internacional de los Derechos del Niño (Naciones Unidas). A partir de un trabajo conjunto entre los políticos de nuestro partido y las organizaciones, se logró poner en agenda pública la necesidad de un debate para lograr la legislación vigente. Aunque queda mucho camino para que los cambios se logren, nuestra activa participación ayudó a reposicionar a nuestro partido en estos ámbitos de discusión.
Lo que me interesa marcar con esto es la importancia de un partido político moderno y progresista, que no se piensa como único actor central de la representación, sino que asume el rol de nodo político, siempre acorde con sus reivindicaciones históricas, que sin monopolizar el accionar, canaliza su participación ciudadana en el juego democrático. Nuestra participación en redes concretas no implica ningún tipo de concesión en lo referido a la idea de un partido político, de carácter nacional, con su carta orgánica y sus mecanismos de representación, que simplemente entra en contacto con otros mecanismos de participación ciudadana. Conscientes de que el drama de la Argentina solamente se solucionará con diálogo y consenso, la cercanía a los problemas concretos, con sus damnificados y el resto de actores de la comunidad, deberá encontrar a la Unión Cívica Radical con más puentes tendidos, planteando una salida sistémica a todos sus problemas.
Grupos de vecinos, foros productivos, centros de jubilados, movimientos de desocupados, asociaciones de productores, etc.; encuentran en representantes radicales la forma de canalizar sus demandas bajo el paraguas de un partido que piensa en la totalidad y no en fragmentos, pero que está cerca de los problemas concretos.
Con el compromiso y los principios de siempre, asumimos los nuevos desafíos.
La doctrina radical, formada a lo largo de más de cien años de historia, es la mejor hoja de ruta para moverse en los nuevos escenarios, para hacer frente a las nuevas formas de exclusión y asumir el reto del desarrollo territorial y la participación ciudadana, roles que sólo pueden practicarse con más democracia. Luego de simulaciones y estafas a las que nos somete este gobierno, con debates estériles escapistas de la realidad, ahora más que nunca, debemos levantar las banderas progresistas que siempre caracterizaron al radicalismo.
Debemos empujar para la consolidación de un partido transparente, abierto a los cambios, a la evolución y a la innovación. Que practique y crea en una forma de hacer política participativa y próxima a los ciudadanos y las ciudadanas, sensible a sus problemas y deseos. Que aborde los problemas complejos de una sociedad cambiante como la que vivimos, buscando soluciones que hagan efectivos los principios de:
Libertad , para que toda persona pueda llevar a cabo su proyecto personal de vida.
Igualdad , de condiciones para que todas las personas puedan desarrollar sus capacidades y potencialidades.
Solidaridad , para que todas las personas tengan aseguradas sus necesidades básicas y puedan acceder plenamente a sus derechos.
Estos objetivos se cumplirán mientras respetemos un programa electoral, como cumplimiento de nuestras promesas, el elemento básico de la forma de gobernar que comprometemos con el pueblo. Un programa consistente, coherente con un proyecto, largamente discutido y ampliamente compartido con todas las tendencias del partido y con los diversos sectores sociales. Que surja de la participación de sus afiliados. Un programa realista que sea elaborado desde la vocación y responsabilidad de gobierno que siempre ha caracterizado a nuestro Partido.
También se cumplirán si son acompañados por un espíritu innovador que permita encarar el futuro sin complejos, tendiendo puentes con la ciudadanía y fomentando el encuentro de los argentinos. Con el compromiso y los principios de siempre, asumiendo los desafíos de la época.
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Por María Luisa Storani








