La esperanza es Alfonsín

La elección interna del pasado 6 de junio por autoridades partidarias de la provincia de Buenos Aires será recordada por todos los radicales de la Argentina como el puntapié de la esperanza. Durante toda la campaña se sentía que su importancia trascendía los límites de Buenos Aires, era seguida con atención, compromiso y solidaridad por la mayoría de los correligionarios de todas las provincias. Es que esta contienda electoral seguía definiendo lo más importante: la posibilidad de un radicalismo grande, nacional y totalizador, que pusiera fin a una lógica de confederación de partidos provinciales o vecinales. Ricardo expresaba eso, una idea de un partido nacional.
El acto en Ferro, una semana antes, significó un encuentro con muchos radicales de otras provincias, el abrazo que necesitábamos para hacer frente al desafío. Amigos de diferentes pueblos se quedaron desde entonces y hasta la elección, otros fueron rotando y reemplazándose en su presencia física, siempre garantizando cercanía, solidaridad y entrega. Ver jujeños, cordobeses, salteños, santacruceños y chaqueños a la par nuestra, militando y cuidando los votos radicales, alimentaba el círculo virtuoso de más convicción, más compromiso y más militancia. Y nos multiplicamos.
Los cambios de paradigma generan una ruptura con sistemas de valores, de funcionamientos y creencias anteriores compartidos por una determinada comunidad de afinidades, que al no poder dar respuesta a las nuevas preguntas y los nuevos problemas, colapsan y son reemplazados por otros. Como pasa con la ciencia y la economía, en las organizaciones políticas también se producen cambios de paradigma. Aunque hay una situación y un momento donde se producen, esta definición y terminología suelen utilizarse como tipos ideales que permiten conceptualizar y categorizar. El devenir de la humanidad es una historia de rupturas y continuidades, y esas rupturas, cambios radicales, son también, como paradoja, la suma de varios cambios incrementales.
Cuando Daniel Salvador tomó la conducción del radicalismo provincial se encontró no solamente con un partido desmovilizado, característica que veníamos arrastrando, también sintió la existencia de un radicalismo fragmentado, gobernado por lógicas locales, incomunicado con sus órganos de representación y son sus representantes, que ejercía la toma de decisiones en ambientes reducidos, con pocos actores. Su contensión, conducción e intercomunicación puso un dique a la diáspora radical, volviendo a hacer sentir parte al último radical bonaerense. Cuando Gerardo Morales asumía en el Comité Nacional, tenía que enfrentar el escenario de un partido todavía golpeado por el fracaso del 2001 y los magros resultados del 2003. Gañó visibilidad, colocó al partido en la escena nacional y bregó por la construcción de un espacio progresista, que dió origen al Acuerdo Cívico y Social.
Y estos hitos fueron tomando cuerpo. Y la mirada hacia el radicalismo como opción de gobierno se multiplicaba, recuperando la confianza. Cercano a los problemas concretos, el radicalismo de la gente. El cambio tuvo su correlato en las provincias. El conflicto del campo por la 125 tuvo a la UCR activa y cercana a los reclamos. En ese contexto surge un Chito Forte en La Pampa, radical y de Federación Agraria, la voz de los pequeños productores. Atilio Benedetti emerge en Entre Ríos como una necesidad de la política local por reivindicarse a partir de la honestidad y la capacidad. Eduardo Costa en Santa Cruz expresa que la UCR debe ser la casa de los emprendedores, el partido que expresa la innovación y la responsabilidad social. Y podemos seguir con muchos nombres.
Pero como paradoja, decía, los cambios de paradigma son rupturas, revoluciones. Es lo que expresa Ricardo Alfonsín. Custodio de la doctrina radical, cercano a las demandas ciudadanas, facilitador de acuerdos progresistas, conciliador y claro defensor de los intereses nacionales. Al correrse del tiroteo constante, ícono de la dialéctica del gobierno, no renuncia a la lucha, la clarifica para demostrar la trascendencia de encontrar el tan ansiado encuentro de los argentinos. La esperanza de Alfonsín es el radicalismo de todos, el de la construcción colectiva, de la participación. Y su cambio de paradigma es una revolución horizontal.
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